viernes, 30 de enero de 2026

Caliche


Años sin saber de él.

Pero en este mundo hipercomunicado no falta quien te informe novedades de personas de nuestro pasado, a las que casi no recordabas. -Te tengo una triste noticia, decía el mensaje de whatsapp. Pensé en cualquier otra persona, pero no, adjuntan esta fotografía de su esquela. Y uno se queda sin palabras, con emociones congeladas, con el cerebro en colapso.

Lo conocí a mediados de nuestras segundas décadas de vida.  Caliche era  un hombre muy luchador, un valiente que trabajaba más de la cuenta en una oficina bancaria y compaginaba el trabajo con sus estudios de derecho. Antes de las 6 de la mañana estaba en el aula y después de la jornada laboral empataba con más clases hasta las 10 de la noche. Sus fines de semana no se permitía más de dos horas de "ocio", porque se dedicaba a estudiar y estudiar. 

Pasamos algunos años juntos, compartimos amigos, risas, lecturas, emociones, psicóloga y un fallido negocio de copas. Por razones que no viene al caso mencionar ni recordar, nuestros caminos se separaron. Solo una vez coincidimos por azar en una calle y no pasamos de un frio y educado "¿Cómo le va?", sin detener nuestros pasos. Sin rencores, sólo que la ruta en común la habíamos dado por finalizada.

Por el maldito bendito internet, supe de sus logros, de sus ascensos en la carrera, de sus cátedras como docente y de su ejercicio de la abogacía. Y me alegró mucho. Por mi manía de guardar recuerdos escritos en papeles, aún tengo en una carpeta una de las cartas que me escribió. Alguna vez la he ojeado, disfrutando su letra, la intensidad de sus emociones y me pone una sonrisa tímida en la cara.

Aún no se ha demostrado aquello de que quienes han sido parte de nuestras vidas se despiden de alguna manera de nosotros. Pero no hace muchos días lo percibí hablándome de su abuela y de su tía y nos reíamos. Y ayer me cuentan de su partida al Cielo y sentí que debía escribir este post en su memoria. 

Descansa en paz, Caliche. En mi memoria y en la de todos aquellos que compartieron tu senda queda lo enseñaste y sembraste en el alma.

domingo, 4 de enero de 2026

Una vida gratis total


En este año 2026 que acaba de empezar cualquier persona podrá disfrutar de una serie de bienes que le serán garantizados de forma gratuita. No tendrá que pagar nada por ese sol que cada mañana alumbrará la ventana anunciando un nuevo día cuya luz habrá tenido que recorrer unos 150 millones de kilómetros en ocho minutos solo para despertarle. De momento el aire de la atmósfera le saldrá gratis total, ya sea el que baja de la cumbre de una sierra nevada, o el que transporta la brisa en alta mar o el que llega del bosque perfumado por los álamos y las plantas silvestres. Realizar ejercicios de respiración, llenar los pulmones y llevar ese aire tan puro hasta las entrañas es un modo de espiritualidad, un auténtico regalo del que nadie le pedirá factura. 

También será totalmente gratuito contemplar las nubes tumbado en una hamaca. Se trata de un gran espectáculo si se tiene en cuenta que ninguna nube ha repetido exactamente su forma desde que el mundo existe. En las noches de verano tendido en la arena de la playa, al mirar el cielo estrellado, si uno es joven podrá soñar y si es viejo le bastará con recordar, dos placeres muy hondos sin coste alguno. El mar se hallará a su entera disposición y también el canto de los pájaros, el sonido de la lluvia en los cristales, el aroma de hierba mojada después del aguacero y todas las flores de primavera, la variedad de colores rojos y amarillos del otoño, la leña de encina que arde en invierno en la chimenea. 

Tal vez en el futuro, cuando se descubra toda la capacidad de energía vital que tiene el sol, la humanidad se alimentará de las propiedades de esa increíble bomba de hidrógeno y entonces podría cumplirse aquello de la Biblia: “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos”

Mejor, imposible. Feliz año nuevo.



Manuel Vicent, El País